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¿CÓMO HABLAMOS DE NUESTROS HIJOS?

Cuando hablamos de niños es difícil no caer en extremismos. Lo viven todo con muchísimo fervor y, a ratos, nos contagiamos de este estado y mascamos nuestros recuerdos más antiguos y, otras veces, nos demanda estar en un estado de alerta constante que puede ser agotador. Hay días que esa tensión nos supera, porque se suma a otras mil variables de nuestra vida personal y profesional. Es entonces cuando decidimos despejarnos y quedar con los amigos, o tal vez en nuestro lugar de trabajo o con nuestra pareja y comenzamos a desahogarnos (¡que también es necesario!). Tal vez no controlemos tanto nuestras palabras y salgan tal y como las sentimos en ese momento tan agotador.